Entrevista con el diseñador de interiores Amaro Sánchez de Moya

Inauguramos nuestra serie de entrevistas a diseñadores de interiores con el arquitecto, pintor muralista y escenógrafo sevillano Amaro Sánchez de Moya, cuya actitud rigurosa, formación multidisciplinar e ideas claras en el desarrollo de su pasión le han permitido crear proyectos en París, Saint-Tropez, Venecia, Lisboa, Madrid o Sevilla, así como estar presente en las portadas de numerosas revistas de diseño.



¿Cómo y por qué empezó a trabajar de diseñador de interiores?

Empecé a trabajar como decorador como una prolongación de mi primer trabajo. Durante mis estudios de arquitectura en diferentes países aproveché mi buena mano con los pinceles y realicé muchos trabajos de pintura mural,que me llevaron, de una manera natural, a dar soporte a mis clientes con otras cuestiones relacionadas con la decoración. He de decir que mis murales, en general, eran muy condicionantes en la concepción de cada estancia, lo que hacía que, en sí mismos, fueran la propia decoración por lo que era muy normal que me pidieran consejo con el resto.

¿Cómo describiría su estilo? ¿Hay alguna firma que le ayude a identificar sus proyectos?

Mi estilo es mi gusto, y me gustan muchas cosas. Combino de una manera muy personal y soy bastante osado en las mezclas. Usar una palabra se quedaría corta. Quien observe mi trabajo reconocerá frecuentes ecos nostálgicos pero que no se identifican con un único estilo. No hay ninguna marca con la que me identifique, compro objetos y mobiliario ya hechos, pero por lo general fabrico piezas únicas para mis clientes.


Es sabida la importancia de intentar hacer lo que nos gusta en la vida. ¿Fueron muchos los obstáculos que se encontró para llegar dónde está?

Tuve una pequeña lucha interior entre la “conveniencia” de desarrollar mi carrera de arquitecto y ser pintor o decorador. El tiempo me ha dicho que he hecho lo justo, Siempre hay que elegir el camino que más va a alimentar tu espíritu, aunque parezca más difícil. Dicho esto, he de decir que no me ha resultado arduo llegar hasta aquí, lo que se hace con pasión cuesta menos de hacer.

¿Qué importancia tiene estar al corriente de las últimas modas y tendencias en su trabajo? ¿Cómo se compagina esto con el clasicismo?

He decir que no me interesan en absoluto las tendencias, para mi el “último grito” es lo primero que va a desaparecer. Decía alguien que la moda es empacar el aire de una época, pues bien, yo me dedico a desempacar. A mí me interesan los valores seguros y lo eterno. Me gusta lo que esta meditado, lo que no es fruto del capricho. El clasicismo a veces se convierte en tendencia, porque es normal, hoy todo va tan rápido que es necesario encontrar inspiración en el pasado. El problema es que en el pasado todo los elementos que formaban parte de un lenguaje obedecían a una forma u otra en base a una meditada reflexión de composición quasi filosófica en la que no se separaba el concepto de la forma. Hoy solo interesa la forma y punto. Desposeer a un elemento de su concepto es una aberración.

¿Considera que hay alguna química entre el diseñador y un cliente? De ser así ¿puede darse un buen resultado cuando esta química no está presente?

Más que química es comprensión mutua y confianza. Esto es esencial, el diálogo ha de ser continuo, y es entonces cuando salen los mejores proyectos. De no haber este diálogo, puede resultar algo bello o correcto, pero no genial, puesto que cuando un cliente no cree en ti, se crea un pulso en el que se frustran mucho objetivos.


El diseño de interiores es un tipo de arte, y, como probablemente todos los artistas, un diseñador necesita buscar inspiración de vez en cuando. ¿Qué o quién le inspira más? ¿Dónde encuentra su inspiración?

Para mí la decoración no es Arte. Engloba al arte y se nutre de él. Lo que nos confunde es que en una buena decoración lo normal es usar el lenguaje que usan otras artes. Pero al final un interior es algo utilitario y esa es su máxima, que sirva para su función. Cuando un interior es magnífico se acerca al arte. Para conseguir esto hay que inspirarse en todo, pero sobretodo en la naturaleza y en el trabajo de los grandes.

El foco de su trabajo es lo que coloca en determinados espacios y cómo los diseña, pero, a la vez, su trabajo no sería posible sin el vacío de estos espacios. ¿Qué valor da usted al vacío?

Para mí una decoración empieza con la creación de su continente. Es primordial. Si la caja no es bella, no sirve de nada las maravillas que pongamos dentro. Yo es lo primero que diseño. Un espacio debe ser bello vacío.


Usted utiliza arte en sus diseños. ¿Lo recomienda a sus clientes o son ellos quienes escogen las obras y su emplazamiento?

Depende, algunos ya eran coleccionistas antes de conocerme, lo cual facilita la tarea. Pero es verdad que puedo asesorar en la medida de mis conocimientos sobre la compra de piezas. Por lo general, el dónde colocarlas lo decido yo.

A menudo el arte se asocia con elitismo exclusivista y con mercancía especulativa al servicio de unos pocos, pero se desconoce que existe un mercado de arte original y asequible. ¿Cómo cree que habría que educar a las personas para sensibilizarlas por el arte?

Es cierto que el arte “seguro” es caro, forma parte de un mercado asentado. Para comprar de una manera económica lo que hay que tener criterio, y éste lo da la educación. La educación cultural, no la de maneras, se obtiene con motivación y esfuerzo. La formación especializada se adquiere a través del estudio continuado y cada vez más profundo de las cosas que a uno le apasiona, no viene por ciencia infusa. No hay más receta que ésta.

Todas las fotos de esta entrevista son propiedad de Amaro Sánchez de Moya