Fernando S. M. Félez arte hiperrealista grabado Pauline
Vision panique de Pauline Bonaparte
Un coleccionista alemán adquirió una pintura con la que terminó obsesionándose. Una noche, en pleno delirio, el admirador, alucinado, acuchilló el lienzo. La esposa del agresor telefoneó a Félez y, tras relatarle lo ocurrido con la obra, le solicitó que supervisara la restauración de la pintura.

Sin duda, la semejanza de las pinceladas de Fernando San Martín Félez con la realidad conmovió las pasiones y las ideas del coleccionista.


Fernando S. M. Félez nace en Zaragoza en 1930. Sin embargo, con año y medio, se traslada a Barcelona. Desde su infancia se dedica con pasión a la pintura. A falta de lápices, Félez dibujó con un pincel en las paredes del pasillo de su casa. Su padre, lejos de reprocharle su talento, le alentó en el camino del arte. El joven pintor cursa estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona. Durante el servicio militar conoce a Joan Ponç, con el que se reencuentra años después en Céret (Francia) donde compartirán conversaciones y partidas de billar al atardecer.

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El dandy
En 1950 gracias a una beca, Félez viaja a París por primera vez. Allí coincide con Fernando Lerín, Plaza, Duque, Solé Canes, Eduardo Arroyo, Albertini, Jean Claude Fiaux, el escultor Guzmán y el escritor Charles Juliet. Trabaja en el taller del impresor André Moret y practica la 'abstracción lírica'. Con un grupo de los artistas citados realiza sus primeras exposiciones en Inglaterra y Francia. Por entonces conoce a Fernando Arrabal. El escritor propone a Félez que ejecute un lienzo figurativo según un diseño propio. Félez acepta el encargo tras varios años alejado de la pintura figurativa, y modifica su rumbo artístico.  

En 1963, después de tres años de asistencia a las reuniones de los surrealistas, Arrabal, Topor y Jodorowsky forman el Movimiento Pánico. Este Movimiento pretende anunciar la locura controlada como supervivencia ante una sociedad postmoderna sumida en una crisis de valores. Sus autores sugieren un universo barroco, preciso, de un mundo delirante y matemático; una mezcla de contrarios: de amor y odio, tragedia y comedia, mal gusto y refinamiento estético. Félez se suma a esta sensibilidad artística. También modifica la firma de los lienzos para diferenciar su obra abstracta de su regresos a la pintura figurativa. "¿Por qué no empleas S. M. Félez, como si las siglas hicieran referencia a Su Majestad Félez?", sugirió Arrabal. Y así fue.

En 1975 Félez se traslada a Céret, pueblo del pirineo francés. En este lugar conoce a Miró y Édouard Pignon, con quién mantendrá una amistad duradera. A mediados de los años ochenta el pintor fija su residencia en el Ampurdán, donde se mueven otros artistas, como Modest Cuixart, al que visita con frecuencia, además de conocer a Dalí por mediación de un amigo en común. Félez y Salvador Dalí comparten el interés por ciertos aspectos técnicos de la pintura, lo que les lleva a mantener conversaciones que se mueven en una relajada espontaneidad.

A Fernando S. M. Félez le resulta esencial la belleza y su manifestación en el lienzo. De ahí el esfuerzo dilatado hasta el hiperrealismo para mostrar de la forma más exacta posible la expresión de lo bello, al tiempo que la desnudez ejerce una función erótica y hasta de furiosa energía sexual que también encontramos en otras propuestas del Movimiento Pánico. Con frecuencia las figuras de Félez se insertan en un contexto donde confluyen restos del pasado (a menudo ruinas), con objetos de la actualidad (vallas publicitarias, botellas de refrescos, ruedas de camión, etc.). 

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La jeune fille et L'oiseau

La manera de interpretar y expresar la realidad vincula a Félez, en cierta medida, con los pintores surrealistas que buscaban la representación visual perfecta del mundo onírico (Dalí, Delvaux, Masson, etc.), en oposición al surrealismo que desembocó en la abstracción (Miró, Masso) Félez admira sin reservas a clásicos, como Vermeer de Delft. También incluye entre sus artistas predilectos a prerrafaelistas, a Gustav Klimmt y, en términos generales, a todo el simbolismo. Félez mantiene una estrecha relación con la técnica académica. Sus pinceladas resuenan con meticulosidad y, en general, su estilo revela una honda preocupación por la perspectiva y la luz.

Antístenes respondió a un impertinente que le preguntó qué provecho había extraído de lo filosofía: "Poder comunicar conmigo mismo". Idéntica respuesta nos parece argüiría Félez si alguien le inquiriera por los beneficios que ha obtenido de su dedicación al arte.


Raúl Herrero
extracto del libro en homenaje al pintor Fernando S. M. Félez