Madrid, 1932. Es una de las  escultoras españolas femeninas más importantes, que arranca su trabajo
a principios de la segunda mitad del XX.

El ambiente artístico del que surge su escultura, en la década de 1960, está marcado por la recuperación de la Vanguardia tras el desarrollo del país, finalizada la posguerra. En esta recuperación tendrán importancia, en Madrid, Ferrant y Ferreira; en Barcelona, Serra; en el País Vasco, Oteiza y Chillida; en Valencia, el grupo Parpalló; y en Córdoba, el Equipo 57.
En cuanto al pensamiento, el dominio se lo reparten el existencialismo (sartreano y cristiano), el expresionismo y el surrealismo.

Como en su escultura, la pintura de Hortensia no es plenamente figurativa ni del todo abstracta. Se mueve sobre la inspiración de un texto que es netamente descriptivo, pero llevándolo en la pintura hasta el borde de la meditación contemplativa, sumergiendo al espectador en un mundo propio en que las formas y el color de objetos y personas representados adquieren una dimensión simbólica, en la estela de los siglos XIX y XX que partiendo de los post-impresionistas lleva a los fauvistas apasionados del color y acaba recalando en los pintores expresionistas, pasando por los simbolistas y modernistas, incluidas reminiscencias del arte negro y del cubismo. 
Sin título
Escultura de bronce

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