Recopilatorio de la autobiografía, Todo lo vivido de Manuel Carmona



El grupo se marchaba a la playa con Dalí. El entusiasmo por ir a la playa, creo que era porque Gala se bañaba desnuda. La playa estaba en una pequeña calita, inaccesible desde Torremolinos.
Manuel Altolaguirre, Dalí, Gala y
Emilio Prados. Torremolinos 1930

Yo me quedaba como hipnotizado, a espaldas de Dalí, en el quiosco, mientras que el pintor iba produciendo el milagro de la creación. Pintaba un gran cuadro en el que, a través de un armonioso paisaje de horizontes lejanos y de nubes voluminosas, empezaban a vislumbrarse un ser humano que ocupaba todo el espacio, el aire, las nubes creo que eran parte de su cabeza y entre las nubes creo que aparecía un ojo, iba aclarándose el misterio, a medida que avanzaba en su pintura. El paisaje entero dejaba ver en transparencia a un hombre, El hombre invisible, así se llama ese cuadro, que yo vi nacer, guardando silencio. Dalí no me hablaba, ignoraba mi presencia. Los pinceles sucios me los pasaba y yo iba limpiándolos, pero no sin antes pintarrajear, en un cartón que me dejó. Ahí hacía yo mis ensayos, mis primeros y balbuceantes intentos de decir algo con los pinceles. Creo que pasaban horas. Recuerdo que hice un pulpo con muchos brazos y manos humanas. Me lo elogió y me lo cambió por un dibujó suyo, de línea delicada y que, por todo color, tenía una gorra verde de marinero. Por ahí quedó, como tantas cosas metido en un libro de texto, perdido entre guerras y pos-guerras.

Manuel Carmona
Título: Calella de Palafrugell
Óleo sobre tela. 61x68
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