El género pictórico del bodegón, o naturaleza muerta, está presente desde la antigüedad adornando el interior de las viviendas de un alto nivel económico y a menudo de las tumbas. En las paredes de las tumbas del antiguo Egipto, de Grecia y de Roma se han encontrado pinturas murales y mosaicos que demostraban gran variedad de comida, frutas y animales, probablemente con la idea de que estos se harían reales en el más allá, dispuestos para que los muertos los aprovecharan.

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Gregorio Sabillón: Bodegón
El motivo de la vanidad de las cosas, que cobrará gran auge en el siglo XVI en la pintura barroca ya apareció en la época romana en forma de cráneos en esas pinturas, como símbolo de mortalidad, a menudo acompañada por la frase Omnia mors aequat (La muerte iguala a todos).

Las flores también estuvieron presentes en la antigüedad y adquirieron un simbolismo que evolucionó desde los principios de la época cristiana. La rosa era la alegoría de la Virgen María, fugacidad, Venus y el amor. Otra flor, el lirio representaba la virginidad, el seno femenino, la pureza de mente o la justicia. El tulipán se usaba para la nobleza; el girasol para la lealtad y el amor divino; la violeta simbolizaba la modestia y humildad; la aguileña la melancolía y con la amapola se representaba el poder, el sueño y la muerte.


A menudo varias de las frutas y flores se muestran comenzando a pudrirse o decaer para transmitir el mensaje de moralidad de los placeres.

La figura de insectos también es común, la mariposa representa la transformación y resurrección, la libélula la fugacidad y las hormigas el trabajo duro.

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