El delirante surrealismo de Eduard Alcoy

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El delirante surrealismo de Eduard Alcoy

Bien sabido y comentado hasta el hartazgo es que en el arte parece que ya no quedan ideas. Sea en la música, la pintura, la arquitectura o la moda, da la impresión que todo ha sido dicho, y predomina un banal refrito ofrecido como algo novedoso a golpe de eslogan y de términos tan machacados como "original", "único" o"diferente", cuando no de vulgar provocación sin contenido. 

Han pasado treinta años del fallecimiento de uno de los artistas del cual muchos tendrían hoy que tomar ejemplo como camino hacia la singularidad, la unicidad y lo auténtico: Eduard Alcoy. Su biografía no tiene nada de increíble. Perteneció a una generación intermedia de artistas que en la posguerra española recibió las influencias de Tápies y del informalismo y que se encontró en medio de las promociones vanguardistas. Fundó, en 1957, con Hernández Pijuán, Rovira Brull y Carles Planell el Grupo Sílex. En 1959, junto con Subirachs y Jordi Curós, creó la Escuela de Barcelona, y posteriormente trabajó como grafista y publicista hasta que pudo vivir de su pasión.
Y es que Alcoy habla por su arte. Sus obras son reconocibles entre millones. No hay nada igual. La primera contemplación es cómo un guantazo que no duele pero aturde. Llega en el acto un huracán de sensaciones, de imágenes, de preguntas y de estímulos en sus enormes mundos repletos de minuciosos detalles y de símbolos escondidos en los lugares más insospechados e inverosímiles. Escaleras que salen de ningún lado y abocan a la nada, cielos negros de rojas nubes, demonios de brazos articulados, medias caras sin frente, misteriosos ojos, relojes, números, animales, balcones, inquietantes matorrales donde se esconden figuras del ku-klux-klan, quijotes, locos, personas históricos, maniquíes, marcos, peces, sombreros, cuervos, toreros, mujeres bizcas, monóculos y, luego, un vacío enorme.
Alcoy creó una geometría cósmica y humana que hereda los hallazgos de toda la pintura figurativa desde El Bosco al cubismo, pero dentro de un ambiente peculiarísimo, como si la aportación del pintor fuera fundamentalmente el medio ambiente idóneo para que vivan sus criaturas, como dijo Manuel Vázquez Montalbán. En este mundo tan delirante y macabro como lleno de humor y de ironía es fácil perder la perspectiva y sentirse confuso y obnubilado. Pero ahí está la gracia. No es un producto de consumo rápido, hay que visitarlo, revisitarlo, quedarse con un detalle, descubrir otro que no vimos la vez anterior, ni las diez precedentes, admirar ese pez con patas encima de una máscara roja de la que sale un brazo y dos piernas situado en la cúspide de un torso azul montando en una casa de tejado amarillo con una figura con gafas de sol dentro en la que se apoya una escalera de la que sobresale un molinillo de café azul. Porque todo ello tiene un mensaje. ¿Cuál? Analizar se puede analizar todo y llenar más líneas que detalles en sus obras intentando explicar qué quiso decir, qué quería representar o por qué narices. Pero todo eso sería aburrido, absurdo y redundante.

Simplemente disfruten.

Caos I. del pintor surrealista Eduard Alcoy
Eduard Alcoy - Caos I.

A continuación encontrarán nuestra lista de obras originales de Eduard Alcoy. Y si viven cerca de Mataró o han de pasar por allí, no duden en hacer una visita al museo de dicha ciudad, el cual, hasta abril de este año, organiza una amplia exposición retrospectiva dedicada a tan increíble artista con algunas de las obras más icónicas de nuestra colección.

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