¿Quién pone precio al arte?

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¿Quién pone precio al arte?



El comercio del arte es una actividad sumamente opaca. Poco transparente y de difícil acceso, le explicamos los criterios para poner precio a una obra de arte antes de abordar los procedimientos fraudulentos que rigen el mercado del arte de lujo.

Obras de la serie 'Dólar' de Antoni Miró

1. La fase en la que se encuentra la carrera del artista y su trayectoria


En primer lugar debemos recordar que existen dos tipos de mercados de arte: el mercado primario, que da salida a las obras recién producidas, y el secundario, donde se revenden obras de artistas confirmados. Si el artista acaba de iniciar su trayectoria o si tiene poco recorrido, esto es, si vende en el mercado primario, los precios serán bajos dado que la competencia es enorme y la inmensa mayoría abandonará la profesión por no lograr vivir del arte. Tal y como explica Carolina Díaz Amunárriz, de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, los precios irán en aumento cuando el artista se encuentre en una fase intermedia, es decir, cuando tenga una trayectoria expositiva, el apoyo de una galería y un historial de ventas. Si se dedica exclusivamente al arte, sin actividades paralelas, y vende en cantidades importantes, el artista pasará a la fase avanzada. A partir de entonces podrá acceder al mercado secundario, en el que se venden y revenden obras por precios más o menos establecidos, aunque nada asegura la estabilidad ni el alza de los mismos con el paso del tiempo.

2. El recorrido de la obra como tal y dentro de la producción del artista


Serán decisivos a la hora de decidir los precios en el mercado secundario el historial y el recorrido de una determinada obra, es decir, las exposiciones en las que se han mostrado, las cotizaciones de subastas anteriores, y en menor lugar, la documentación presente: catálogos, folletos o artículos de prensa. También será determinante el período de producción de la obra, dado que no todas las obras de mismo tamaño y formato de un determinado artista tienen el mismo valor. Aquéllas con una mejor técnica, que correspondan al período de máximo reconocimiento del artista o que sean más representativas tendrán un precio más alto que las demás.

3. El estado de conservación, la técnica, dimensiones y edición


La técnica influirá de manera básica en el precio. Una pintura o una escultura, especialmente por los costes de producción de esta última, siempre tendrá un valor más elevado que un dibujo o que una obra gráfica: litografía, aguafuerte, serigrafía, grabado... En relación a las mismas, cuanta más amplia sea la edición de la obra gráfica más bajo tenderá a ser el precio de venta por pieza. También habrá que tener en cuenta la dimensión, pues cuanto mayor sea ésta mayor será el precio. Obviamente, el estado de conservación de la obra será decisivo. Por último, la presencia de un certificado de autenticidad será muy valorada, en particular para obras de un cierto valor, pero no determinante.

4. La presencia de un galerista o agente y la solidez del mismo


En el mercado primario los precios los fijan conjuntamente galería y artista, aunque hay veces que lo hace solo el artista. Como amantes del arte y personas de negocios los galeristas pueden influir directamente en la cotización de los artistas con los que trabajan, contribuyendo a lanzar sus carreras y ofreciendo seguridad al coleccionista. Cabe mencionar que, a menudo, se tejen lazos de afinidad entre galerista y artista, por lo que la relación trasciende la puramente mercantil, y el primero pasa a ser el agente que valida la trayectoria del segundo. Así, el rol de un buen galerista es fundamental en el mercado secundario donde, si bien la venta es más fácil que en el mercado primario porque se tiene un conocimiento del artista y su obra ha sido valorada y validada, habituales son los casos de pintores o escultores famosos y cotizados que caen en el olvido por no tener a quien les siga promocionando y exponiendo.




El mercado de lujo


Todos estos criterios se  desvanecen a medida que entramos en el mercado del arte de lujo, que, junto al de las drogas, es el más grande y el menos reglamentado del mundo, según explica Robert Hughes, crítico de arte fallecido el año pasado. En este mercado, como dejamos entrever en nuestro artículo anterior, un par de casas de subastas, en consonancia con un pequeño grupo de galerías y de comisarios famosos, manipula los precios para mantener la gigantesca escalada de un sistema artificial creado por ellos en el que promueven obras de los artistas que eligen, hinchando sus cotizaciones hasta niveles demenciales y marginando todos los demás.

Para crear un sentido que justifique el precio de una determinada obra y para que éste tenga veracidad ante los coleccionistas o los multimillonarios inversores y especuladores para los que está diseñada esta gigantesca “apuesta para ricos e ignorantes”, según Hugues, existe una gigantesca maquinaria de marketing que inventa una hábil retórica llena de adornos y de citas que crean un ribete histórico y científico. Los actores mencionados cuentan con cómplices como marchantes, asesores, críticos, investigadores, historiadores del arte, medios de comunicación y artistas que permiten, según afirma la crítica Avelina Lésper, avalar como arte y vender como tal cualquier objeto o supuesta obra sin valor económico, ni creativo.

En el fraude legal que es el mercado del arte de lujo los coleccionistas usan sus propios tasadores para valorar obras que donarán a museos o fundaciones de manera a desgravar impuestos masivamente. Son ilegales, pero no por ellos menos habituales, las prácticas de las subastas para aumentar los precios como la licitación colusoria, donde varios pujadores representan a un mismo comprador de manera, o la puja del Candelabro, donde los subastadores comienzan una venta fingiendo detectar ofertas inexistentes en la sala, cuando en realidad están mirando fijamente a las lámparas o a un punto de la sala difícil de precisar para el público.

Blanqueo de capitales, dinero de procedencia criminal, obras de artistas noveles que recién creadas alcanzan los cien millones de dólares, indemnizaciones multimillonarias otorgadas por las dos principales de subastas, cuyos directores acabaron en la cárcel por conspirar, bajo mano, para fijar las comisiones que cobraban a sus clientes... el historial de escándalos es largo. Por todo ello, y aunque el mercado de lujo del arte es marginal, no en cuantía sino en volumen, y no representa a los otros mercados más modestos, sería de recibo que una mayor legislación y transparencia a todos los niveles se instauraran para ayudar a fijar los precios, frenar la especulación y dar oportunidades reales a artistas talentosos con mucho que aportar.




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