Juan Navarro Ramón y la sencillez de lo efímero

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Juan Navarro Ramón y la sencillez de lo efímero


Nacido en 1906 en las faldas de Altea, una pequeña y blanca ciudad alicantina que se apiña por las escaleras de un monte y lucha para trepar hasta su última altura, Juan Navarro Ramón siempre tuvo a su ciudad natal, al Mediterráneo y a su luz como referentes.

La larga trayectoria artística del artista se inició con su formación en Valencia, prosiguió en Madrid y posteriormente en Barcelona, donde, con sólo veintidós años, Juan Navarro Ramón consiguió el Primer Premio de Pintura. La Guerra Civil cogió a Navarro Ramón en la zona republicana, que representó en la Exposición Internacional de París de 1938 junto al Guernica de Picasso y a obras de Miró y de Julio González. Acudió a la cita de forma constante hasta 1962.


Picasso, Fujita, Zadkine y Juan Navarro Ramón en 1954


Aunque la pintura de Navarro Ramón está expuesta en los más prestigiosos museos como el Reina Sofía o el Museo de Arte Moderno de París, y viajó por galerías de Argentina, Francia, Alemania, Bélgica e Inglaterra, el artista siempre sintió una indiferencia total hacia las caminos del triunfo. Él creía que la obra tenía que hablar por ella misma y que todo pintor que se respetara debía prohibirse las declaraciones propagandísticas. Muchas veces, como subrayaba el crítico de arte Carlos Areán, Navarro Ramón fue invitado a campañas de publicidad encubiertas en las que no hubiera bastado con exponer sus lienzos sino que habría tenido que seducir al público. Siempre Navarro Ramón se negó a ser el protagonista de semejantes montajes. Siguió siendo el mismo tipo silencioso en su vida pública, sencillo, trabajador y humilde, dando poca importancia a la cotización de sus cuadros cuyas ventas le permitían vivir sin penuria pero sin excesos.

La vida de Navarro Ramón se desarrolló siempre por dentro de sí mismo. Altea, Cannes, la Costa Azul o Sitges, donde falleció, fueron las inspiraciones de su vida y de su pintura, intrínsecamente ligadas. Sus telas transmiten una sensación agridulce donde la belleza, la angustia por el paso del tiempo y la nostalgia se entremezclan en proporciones permanentemente variables, sin querer recrear que ningún tiempo pasado fuera mejor. Navarro Ramón no se liberaba de sus problemas con el arte, pero creaba así obras más espontáneas y auténticas.

Juan Navarro Ramón - Paisaje de Altea V
Óleo sobre de lienzo - 81 x 64 cm


“El color o se ve o no se ve y eso es cosa de uno y no de lo que desde fuera le enseñen”, decía él. Sus obras, que oscilan entre el surrealismo y el novecentismo, no se empañan jamás con ninguna turbiedad sino que recrean una fiebre de finura, que hubiera dicho el poeta, escritor y diplomático Ramón de Basterra. Pertenezcan a la etapa que pertenezcan en sus cincuenta años de trayectoria artística, los lienzos de Navarro Ramón resultan inconfundibles. Como subrayaba Carlos Areán, sucede con él lo mismo que con Picasso y es que, por debajo de las características propias de la tendencia a la que se adhiere en cada momento, hay un cuño personal reconocible en la matización del color, en los ritmos de los arabescos y en la creación de un clima que lo diferencian netamente de cualquier otro artista.

Mediterráneas, sensuales y elegantes, las obras de Navarro Ramón tienen una línea sutil y silenciosa que se deposita con lirismo sobre unas telas donde nada es forzado ni impuesto. La flotabilidad de las formas es similar a la de Kandinsky posterior a 1910 o a la de Tharrats en Dau al Set a partir de 1950, y nos produce la impresión de que la obra no ha alcanzado todavía su estructura definitiva y que, como los cielos de Altea, con escasas nubes que se están haciendo y deshaciendo continuamente sin descargar casi nunca sus aguas, va a modificarse en el instante siguiente al de nuestra contemplación. Nada es perdurable en estas estructuras sueltas y cada una de ellas parece no precisamente un corte congelado en el tiempo, sino más bien una de las muchas imágenes de una película que no podremos retener jamás desglosada de la precedente y de la que habrá de seguirla.

Juan Navarro Ramón - Figura en la ventana
Óleo sobre de lienzo - 81 x 64 cm


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